Teruel acaba de cerrar una 30ª edición de Las Bodas de Isabel de Segura que pasará a los anales de nuestra historia reciente. El estreno de la declaración de Fiesta de Interés Turístico Internacional no ha sido un mero trámite sobre el papel; se ha palpado en cada rincón de un Centro Histórico que ha vibrado con una intensidad sin precedentes.
La excelencia teatral, el salto técnico con el videomapping y la comunión total de los turolenses (Federación de Grupos y Fundación de Las Bodas incluidos)han demostrado que esta fiesta, sencillamente, no tiene techo.
Sin embargo, el amor ciego no hace buen periodismo, y toca mirar al día de mañana con realismo. Teruel se desborda, y ese es un bendito problema que exige darle una vuelta urgente a cómo preparamos la ciudad.
El reto logístico: gestionar la avalancha
No podemos permitirnos el lujo de morir de éxito. Cuando las calles se colapsan y los espacios se quedan pequeños, la experiencia del visitante y la comodidad del residente se resienten. El Ayuntamiento ha acertado este año reforzando la limpieza y moviendo algunas tabernas, pero el crecimiento exponencial de la fiesta nos obliga a pensar en soluciones más ambiciosas para descongestionar el centro y esponjar los flujos de gente sin perder la magia del casco histórico.
Proteger la noche para salvar la esencia
Y en este replanteamiento estructural entra de lleno un debate que no podemos esquivar: la noche. Es vital que las actividades nocturnas no se conviertan en un problema. La fiesta en la calle y en las jaimas es parte del ADN de esta celebración, pero debemos vigilar de cerca que no derive en un descontrol que desdibuje el carácter puramente cultural y familiar del evento. Hay que cuidar la convivencia y garantizar que el ambiente festivo nocturno no empañe la brillantez histórica que tanto nos cuesta construir de día.
Sara Serena: La mejor Isabel de todos los tiempos
A pesar de los retos logísticos, el balance artístico borra cualquier duda, impulsado por un factor determinante. Desde estas líneas nos vamos a mojar, porque lo que hemos vivido este fin de semana lo merece: en nuestra opinión, Sara Serena ha sido la mejor Isabel de Segura de todos los tiempos.
Su actuación no ha sido una más. Ha roto los moldes dotando al personaje de una verdad desgarradora. Ese último lamento, cantado con una voz portentosa que enmudeció a toda la plaza, ha elevado el desenlace de la tragedia a un nivel artístico nunca antes visto en esta ciudad. Sara nos ha regalado una Isabel irrepetible, pasional y rotunda que ya es historia viva de Teruel.
Las Bodas vuelan más alto que nunca. Ahora nos toca a todos construir una pista de aterrizaje lo suficientemente sólida para que sigan creciendo.
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