
Visto desde los ojos de un ciudadano normal —ese que pone el despertador a las siete de la mañana todos los días para ir a trabajar y que paga religiosamente sus impuestos—, todo lo que está trascendiendo estos días sobre la empresa Forestalia produce una profunda indignación. Hablando en plata: lo de Forestalia apesta. Y apesta absolutamente todo; incluso aquellas cosas e iniciativas que, en su origen, podrían haber sido buenas o beneficiosas para el territorio, han quedado irremediablemente manchadas por esta sombra de sospecha.
El hedor de la corrupción y la ceguera política
Apesta a corrupción, ya sea directa o indirecta. Apesta a pagos bajo la mesa, a funcionarios «untados» para que los expedientes de esta compañía salieran adelante a toda costa, por la vía legal o la ilegal. Apesta a dinero sucio,de mordidas , moviéndose en grandes cantidades. Y, sobre todo, deja muy mal a algunos políticos que, cuando Forestalia inició su andadura, no pudieron resistirse a la avalancha de dinero que venía. La gestión en este tema del gobierno de Lambán está en cuestión, siendo suaves en la expresión.
Repasando la hemeroteca, también resulta casi un insulto a la inteligencia ciudadana recordar aquella comisión de investigación parlamentaria sobre el despliegue de las renovables que se cerró en falso, concluyendo tranquilamente que aquí «no había pasado nada «.Terrible.A ver cómo rectifican ahora , si es que se vuelve a crear una nueva comisión de investigación.
Una crisis reputacional de proporciones históricas
El problema que se ha generado en nuestra tierra no es menor por la propia magnitud de los planes de Forestalia que están sobre la mesa. Se ha creado una crisis de reputación terrible. Porque seamos claros: nadie decente —repetimos, decente— va a querer contratar ni dar continuidad a los proyectos que Forestalia dejó en marcha.Tendrá que ser todo nuevo y empezando desde cero
Estamos hablando de más de medio centenar de parques eólicos y fotovoltaicos, del faraónico proyecto Buffalo de centros de datos, o del proyecto Toro para suministrar energía a la fábrica de baterías china de Stellantis, además de muchas otras iniciativas en las que la empresa estaba directa o indirectamente involucrada.
Ante esta auténtica tormenta de porquería, tendrá que ser el Gobierno de Aragón el que eche el resto para limpiar la imagen de la comunidad, intentando que los posibles inversores que vengan de buena fe sigan confiando en nuestro territorio.
Quien tampoco lo tiene nada fácil es Copenhagen Infrastructure Partners (CIP). Aun dando por hecho —y a lo mejor es mucho suponer— que actuaron como un comprador de buena fe, si deciden seguir adelante y desarrollar el polémico clúster del Maestrazgo, su reputación va a quedar arrastrada por los suelos, por muy impecable que sea el trato desde el punto de vista estrictamente jurídico.
Silencios comprados, cómplices necesarios y lo que está por venir
Pero aquí hay para todos. Forestalia, demostrando ser una buena conocedora de lo que bien podrían calificarse como prácticas mafiosas, no solo gastó presuntamente a manos llenas en personas influyentes, funcionarios corruptos, expolíticos y «conseguidores». También inundó de dinero en forma de publicidad a muchos medios de comunicación.
Esos mismos medios ahora se ponen exquisitos y superinvestigadores pero durante años han estado haciendo la vista gorda sobre muchas de las irregularidades que ahora se denuncian a gritos, pero que en los mentideros de la región eran de sobra conocidas.
Y lo peor de todo es que la sensación generalizada es que esto es solo la punta del iceberg. Según parece, todavía falta muchísima porquería por salir a la luz. Solo queda esperar que esta primavera empiece a traer limpieza real y mucha ventilación «politica» en forma de responsabilidades. Es la única forma de poder eliminar, de una vez por todas, estos malos olores.







