La jura de bandera civil (Por Evaristo Torres)

viernes, 15 marzo , 2019 | Por | Categoria: Opinión

La jura de bandera civil

Cuando en España se eliminó hace años el servicio militar obligatorio y la jura de bandera a la fuerza en la que nos obligaban a decir que estábamos dispuestos a derramar por España hasta la última gota de sangre, ahora en Teruel llevamos unos años celebrando una “jura de bandera civil”. No sé si con derramamiento de sangre o de otro fluido corporal. Una jura de bandera civil es como un cura seglar o un alunizaje en Marte. Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible, como le atribuyen a un torero con nombre bélico, Rafael Guerra, Guerrita.

Tampoco tienen mucho sentido las palabras de la alcaldesa Buj, que ha afirmado que la jura de bandera civil “es un acto de compromiso con la España democrática, con la España del Estado de Derecho y con una historia de siglos que nos une a todos los españoles”. Para comprometerse con la democracia y ser patriota no hace falta tanto derroche.

Porque para garantizar que 346 personas civiles, de 18 a 90 años, juren bandera, no se sabe si con una o dos banderas, que todavía no lo han decidido,  se va a hacer un despliegue impresionante, todo pagado con nuestros impuestos: según los organizadores, que son, además de la alcaldesa, el subdelegado del Gobierno y el subdelegado de Defensa, se va a necesitar “la Policía Local y la Policía Nacional, contando también con el apoyo de la Guardia Civil y la Policía Autonómica, además del Ejército”.

Ya solo falta la presencia de fuerzas de la OTAN y el apoyo de la Sexta Flota.

Pero además de los que juran, desfilará, según ha afirmado el subdelegado de Defensa, “una compañía de honores que vendrá mandada por un capitán y dispondrá de escuadra de gastadores y la música de la banda de la Academia General Militar, para dar mayor realce al acto, y la banda de guerra de la brigada logística de Zaragoza”. No sé si también habrán invitado a los tres generales en la reserva que encabezan las listas de VOX. Le darían lustre a esta España, una, España, grande, España, libre. Unidad de destino en lo universal.  Viva la jura de bandera civil, por Dios y por España.

Evaristo Torres Olivas

Villarquemado

Las promesas de los políticos(Por Evaristo Torres)

El lenguaje de los políticos produce risa en muchas ocasiones. Aprenden a no decir nada en muchas palabras; a salirse por la tangente o por peteneras. Les preguntas por peras y te contestan con manzanas. Pero en otras ocasiones, cuando se trata de asuntos importantes, como la salud, esa forma de chamullar maldita la gracia que nos hace.

A los políticos les elegimos y les pagamos para que gestionen y administren lo público y no para que nos contesten con obviedades. Ante el la grave situación de la falta de médicos en el Hospital de Teruel, la consejera de Sanidad, Pilar Ventura, no puede contestar que el problema está en que “han confluido una serie de circunstancias imprevisibles que han provocado un grave déficit” o que «se está buscando y confiamos  en tener una solución pronto». Decir eso y no decir nada es exactamente lo mismo.

Siempre que hay un problema es que han confluido una serie de circunstancias y siempre que hay inundaciones es porque ha llovido. No necesitamos respuestas de Perogrullo sino soluciones. El “estamos trabajando en ello”, aunque sea con el acento tejano de José María Aznar, no soluciona nada ni tampoco el “every day bonsáis” de Zapatero. Los políticos pueden prometer y prometen, como hacía Suárez, y de lo prometido se olvidan hasta las siguientes elecciones que vuelven a prometer lo que no tienen intención de cumplir.

En Teruel, legislatura tras legislatura nos prometen hospitales, museos, autovías, trenes y no me extrañaría que en las próximas elecciones de abril y mayo añadan a todo lo anterior un puente desde Teruel hasta Mallorca. Y dos huevos duros, que dirían Groucho Marx y Felipe González. Los turolenses estamos tan contentos que el próximo 31 de marzo, junto con ciudadanos de otras provincias de la España vaciada, iremos en peregrinación  a Madrid, aunque sea descalzos a campo través, para agradecer a nuestros queridos políticos, tanto locales como autonómicos y nacionales, la ingente cantidad de horas y esfuerzo que invierten en tomarnos el pelo.

Yo, por mi parte, quiero recomendarles, con el mismo estilo que la consejera de Sanidad, que han confluido una serie de circunstancias que han provocado que en las próximas elecciones no vuelvan a votar a los predicadores que lo que prometen un día no lo cumplen al siguiente.

Evaristo Torres Olivas

 

El ego y la escritora fantasma (Por Evaristo Torres)

A Pedro Sánchez le han escrito un libro, Manual de resistencia. Se lo ha escrito una negra—perdón,  una escritora fantasma— que se llama Irene Lozano. Sabemos el nombre de la autora porque lo ha dicho el presidente. Ha hecho bien, porque después del lío con su tesis doctoral  que el defensor de la educación pública obtuvo en una universidad privada, no era prudente callar el nombre de la “redactora literaria”. Y más si consideramos que hace nada, cuando Irene Lozano era diputada por UPyD, ponía a caldo al PSOE y a sus dirigentes.

Hoy, por el bien de España, según afirma, está en el equipo de presidente como secretaria de Estado de la España Global, un puesto con muchas pretensiones y escaso contenido; tanto que le deja tiempo para escribirle los libros al jefe. Pero mañana, vaya usted a saber si no se va a Ciudadanos o a Vox, también por el bien de España—y porque le ofrecen un puesto de ministra— y se pone a largar que ella le escribió el libro a Pedro Sánchez.

El ego del presidente es inmenso: en la portada del libro que no ha escrito, además de su nombre en rojo, aparece su foto que cubre las tres cuartas partes del espacio. Yo tengo por norma no comprar libros en los que el reclamo es la cara del autor. Y menos si es un autor que no lo es. En eso, el Manual de resistencia de Pedro Sánchez se parece mucho al de Belén Esteban, Ambiciones y reflexiones. Son libros de ocurrencias, de chascarrillos, insustanciales, prescindibles, pero que en las ferias de los libros atraen a la gente a cientos, buscando la firma del famoso, mientras que las casetas de los escritores de verdad acuden cuatro gatos.

Yo tuve un jefe, el peor que he tenido, al que los machacas le escribíamos todo: los discursos, las presentaciones y las respuestas a las entrevistas y consultas que le hacían por escrito (a las presenciales no acudía jamás). Nunca daba las gracias y daba por hecho que nuestro trabajo también consistía en hacer el suyo. No se le caía la cara de vergüenza al poner su nombre en los trabajos que habían hecho otros. Y también le gustaba colocar su foto, además del nombre, en todas las publicaciones. A lo mejor fue profesor de Pedro Sánchez en la Universidad Camilo José Cela.

Evaristo Torres Olivas

Villarquemado