El río Matarraña recupera caudal por el cierre furtivo de un trasvase

domingo, 18 noviembre , 2012 | Por | Categoria: ACTUALIDAD PROVINCIAL

Texto y fotos: José Puche Giner, periodista

El río Matarraña en su cabecera, en Beceite (Teruel), hace días que ha comenzado a normalizar su cauce, que aparecía penosamente seco en diversos tramos de su curso alto desde hacía meses. Las lluvias de las últimas semanas caídas en la zona tras meses de sequía parecían estar detrás de esa recuperación, vital para la supervivencia de uno de los ecosistemas fluviales mejor conservados de Europa, pero el caso es que el “cierre” de una obra hidráulica ha tenido mucho que ver con la súbita normalización de caudal: ayer, sábado 17 de noviembre, estaba cerrada la última de las compuertas del trasvase que, por un sistema de azud y túnel de gravedad, deriva el agua desde el Matarraña hasta el embalse de Pena; los candados y cadenas que aseguraban la última bifurcación del sistema están tirados en el lecho de la canalización, probablemente tras haber sido forzados o rotos.

Se da la circunstancia de que hace pocos días, diversos vecinos de Beceite crearon y comentaron una galería fotográfica en Facebook para denunciar lo que para ellos tiene la principal culpa de la persistente sequedad del Matarraña en diversos tramos de su cabecera: los citados azud y trasvase, una obra que estos beceitanos calificaban de injusta e ilegal “por no respetar el caudal ecológico del río”. Acusación a la que la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), tras conversaciones con medios como Heraldo de Aragón y Diario de Teruel, parecía no dar crédito, si bien se mostraba abierta a estudiar el estado actual de la obra. La publicación de la problemática en las redes sociales no fue sino la última denuncia de una queja que lleva meses en bocas y calles de Beceite: la acuciante falta de agua en tramos altos del Matarraña y en algunas de sus fuentes y acequias derivadas, un líquido que sí estaba disponible para trasvasarlo al embalse cuyos principales beneficiarios son los regantes de la cuenca baja del río, especialmente los propietarios de frutales melocotoneros de Maella (Zaragoza).

Ahora, alguien parece haber optado por hechos en vez de palabras para devolver al río lo que es suyo, al cerrar la última de las compuertas que quitaba el agua al turolense afluente del Ebro y privaba a especies en peligro de extinción como el cangrejo y la trucha autóctonos y el barbo culirroyo, entre otras, de circular libremente por el cauce alto y de reproducirse con normalidad. Además de provocar la disminución y pérdida de biodiversidad, la falta de caudal fluvial deja también sin agua a los usuarios de acequias como la histórica de la Vall del Prat (Valle del Prado, antaño famoso por su fertilidad agrícola), quienes hace meses que no pueden regar sus pequeñas huertas y frutales.

Trasvases polémicos y mano de obra africana

El polémico trasvase de caudales desde la cabecera del Matarraña hasta el embalse de Pena lo construyó la CHE en los años 70 del siglo XX, en una zona de altísimo valor medioambiental; su primera fase concluyó en 1978, tras levantar un azud y horadar un túnel desde una cota de 650 m., en el río, hasta el pantano, cuya mayor altitud alcanza los 632 m. El grueso de la penosidad laboral de esta canalización lo ejecutaron a pico y pala algunos de los operarios del archipiélago africano de Cabo Verde que acababan de concluir la construcción de la central térmica de Andorra (Teruel), y cuya llegada a España corrió paralela al término del conflicto bélico y social que desembocaría en la independencia caboverdiana de su potencia colonizadora, Portugal (1975).

Hacia finales de la década de los 90, el conflicto entre la cuenca alta y la baja del río se agudizó con la construcción, por parte de la CHE, de un segundo trasvase en Beceite: un bombeo por elevación en la confluencia del Matarraña con su afluente principal, el Ulldemó –bombeo que quedaría inutilizado por acción de la naturaleza con la gran avenida de octubre de 2000-. Es en esta época (1997) cuando estudios como los elaborados por Pedro Arrojo –Premio Goldman ‘Europa’ 2003, primer español galardonado con los considerados Premios Nobel medioambientales- y otros califican el túnel de derivación Matarraña-Pena de 1978 como “obra sobredimensionada y en gran parte inútil”. Aún con todo, en sus primeras tres décadas, el azud que derivaba caudales del Matarraña al túnel, y de éste al embalse, dejaba un pequeño margen a la libre circulación del río. Pero en 2008, la CHE decidió reformar la obra y recrecer y cerrar completamente el azud, con lo que la regulación del río en esta zona queda sujeta a la voluntad de abrir y cerrar con un sistema de compuertas el volumen de agua, bifurcado entre la dirección al pantano de Pena y la dirección al río. Y los vecinos de Beceite vienen denunciando en privado que desde 2008 los caudales han circulado casi exclusivamente hacia al embalse, y que sólo han saltado la barrera del azud en las grandes y escasísimas riadas. Una situación que se agrava cuando las sequías impiden el aporte de barrancos situados aguas abajo del trasvase, como los de “Borrás” y “les Marrades”, entre otros.

Sin duda, el calentamiento global y el cambio climático, con sucesivas y largas sequías en la última década, están haciendo estragos en zonas como Beceite y sus ríos, de fuerte componente mediterráneo, con frecuentes estiajes y ocasionales avenidas cada vez más espaciadas en el tiempo. En la actual época de escasez hídrica, la legitimidad de los beceitanos por preservar -con respeto medioambiental y usos racionales y sostenibles- uno de los ecosistemas fluviales más ricos y frágiles de la Península Ibérica choca con los intereses productivos de los regantes de la cuenca baja matarrañense. El dilema tiene dos opciones: considerar los mínimos de agua que circulan por la singular cabecera de un cauce fluvial como patrimonio de la naturaleza, esto es, de toda la humanidad, o, por el contrario, seguir usando la escasez acuática en beneficio de quienes crean y amplían regadíos extensivos en zonas de secano, bajo los paraguas seculares de la influencia económica y la connivencia política y gubernamental.

 

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