El magnate propone desde Davos cubrir las zonas despobladas de paneles solares. Una idea que choca con la realidad de provincias como Teruel, donde la proliferación de megaproyectos ya tensa la cuerda entre desarrollo y conservación del paisaje.
Elon Musk, el hombre más rico del mundo, se ha acordado de España en su paso por el Foro Económico Mundial de Davos, pero su recuerdo tiene un sabor agridulce para gran parte del interior peninsular. En una intervención que ha sacudido el debate energético, el dueño de Tesla y SpaceX ha señalado a la España Vaciada como el escenario perfecto para convertirse en la gran central eléctrica del continente.
Para Musk, la ecuación es simple: hay mucho sol y poca gente. Para los habitantes de provincias como Teruel, la realidad es mucho más compleja: sacrificar el territorio por el vatio.
La propuesta: España y Sicilia como «pilas» de Europa
Durante una entrevista con Larry Fink, CEO de BlackRock( que ya patrocina proyectos de este tipo en Aragón), Musk se distanció de las políticas fósiles de Trump para vender su visión renovable. «Zonas relativamente poco pobladas de, por ejemplo, España y Sicilia, podrían generar toda la electricidad que necesita Europa», sentenció el magnate.
Musk comparó la geografía española con los desiertos de Nevada o Nuevo México, sugiriendo que «un pequeño rincón» bastaría para alimentar la insaciable demanda energética de la Inteligencia Artificial y los centros de datos. Sin embargo, lo que desde un despacho en Davos parece un «espacio vacío», sobre el terreno son pueblos vivos con ecosistemas frágiles.
Teruel: cuando el futuro de Musk ya es el presente del vecino
La propuesta de Musk no es ciencia ficción; es una realidad que ya impacta en el territorio. España es la cuarta potencia mundial en energía solar (según Global Renewables Watch), y el mapa de la instalación masiva coincide con el de la despoblación.
Provincias como Teruel, símbolo indiscutible de la España Vaciada, se encuentran en el ojo del huracán. Aunque las mayores plantas actuales por potencia instalada están en Cáceres (Torrecillas de la Tiesa) o Murcia, el territorio turolense acumula ya numerosos proyectos de parques fotovoltaicos y eólicos en tramitación o ejecución.
Para los grandes fondos de inversión, las tierras de Aragón son una oportunidad de oro; para los locales, la acumulación de proyectos plantea el riesgo de convertir una provincia rica en patrimonio y naturaleza en un mero polígono industrial energético.
El choque frontal: ¿Salvación o «clavos en el ataúd»?
La visión tecnócrata de Musk ignora el clamor social. Mientras él habla de eficiencia global, en la España rural se habla de resistencia.
La idea de alicatar el campo con silicio choca con las demandas de la «Revuelta de la España Vaciada». El pasado octubre, más de 500 colectivos se manifestaron en Madrid advirtiendo que la invasión desordenada de macroplantas fotovoltaicas —muchas proyectadas sobre cultivos y zonas de valor paisajístico— son, textualmente, «los clavos que sellan el ataúd de la España rural».
Desde las sierras de Teruel hasta las dehesas extremeñas, la queja es unánime: se les pide ceder su tierra para «salvar energéticamente a Europa» mientras siguen perdiendo servicios básicos como la sanidad.
Más allá de las placas: Robots y promesas
Musk cerró su intervención en Suiza prometiendo la aprobación inminente de su sistema de conducción autónoma en Europa y la llegada de robots humanoides.
Sin embargo, para los agricultores y vecinos de los pueblos turolenses y del resto de la España interior, el futuro inmediato no va de robots, sino de defender que sus paisajes no queden ocultos bajo un mar de cristal negro.






