Los turolenses Javier Zaragoza y Joaquín Carbonel, reciben los premios de la Comunidad en el día del Patrón

martes, 23 abril , 2019 | Por | Categoria: Actualidad Local, Portada

Las Cortes y el Gobierno de Aragón han entregado sus máximas distinciones en el acto conjunto celebrado en el Palacio de La Aljafería a Paula Ortiz, Pablo Carbonell y el fiscal Javier Zaragoza.

Javier Zaragoza: “Aragón ha convertido en seña de identidad su decisiva contribución a la construcción de España”

El fiscal del Tribunal Supremo, Premio Aragón de la Comunidad Autónoma

“En un Estado de derecho la ley es, ni más ni menos, la expresión democrática de la voluntad popular, y el instrumento que sirve para garantizar una convivencia ordenada y pacífica en la que se respeten los derechos y libertades de todos. La supremacía de la voluntad popular sobre la ley y al margen de la ley está en el origen de funestas experiencias históricas bien conocidas”. Así lo ha destacado esta mañana el fiscal del Tribunal Supremo, Javier Zaragoza, que ha sido distinguido con el Premio Aragón que el Ejecutivo autonómico entrega con motivo de la festividad de San Jorge.
Zaragoza, natural de Alcorisa (Teruel), ha destacado en su discurso su condición de aragonés y de haber nacido en “una tierra forjada a lo largo de la historia en el respeto a los fueros, y en los valores de la tolerancia, la concordia, el hermanamiento y la solidaridad. Una tierra que se constituyó como reino hace casi mil años, como Corona de Aragón cien años más tarde, integrada por una suma de condados y territorios mediterráneos, y que ha convertido en seña de identidad su decisiva contribución a la construcción de la España que hoy conocemos y queremos”.
El premiado, que ha recibido la distinción de manos del Presidente Javier Lambán, ha hecho referencia también a su condición de fiscal al afirmar que pertenece a una institución, el Ministerio Fiscal, “diseñada como una pieza clave de la arquitectura constitucional del Estado de Derecho.
Una Magistratura postulante y de amparo que día a día, a través de los dos mil quinientos fiscales que la componen, hace realidad -como proclama el art. 124 de nuestra carta constitucional- la promoción de la justicia, la defensa de la legalidad y la tutela de los derechos de los ciudadanos; una institución que reivindica como eje fundamental de su función la defensa de los valores constitucionales”.
   Asimismo, ha incidido en el hecho de que “no hay democracia sin respeto a la ley. Esto es así porque la esencia de la democracia radica en la sujeción a la ley, en el sometimiento de todos, ciudadanos y muy singularmente los poderes públicos, a las leyes democráticamente aprobadas.

Ése es el auténtico principio democrático, un principio que se sustenta en la idea de que en un Estado de derecho la ley es, ni más ni menos, la expresión democrática de la voluntad popular, y el instrumento que sirve para garantizar una convivencia ordenada y pacífica en la que se respeten los derechos y libertades de todos. La supremacía de la voluntad popular sobre la ley y al margen de la ley está en el origen de funestas experiencias históricas bien conocidas”.

Joaquín Carbonell: “La cultura alimenta al individuo y enriquece a la sociedad”

El cantautor aragonés ha sido distinguido en el Día de San Jorge con la Medalla al Mérito Cultural del Gobierno de Aragón

El periodista, poeta, cantautor y narrador, Joaquín Carbonell, ha destacado hoy en el Palacio de la Aljafería, durante la entrega de la Medalla al Mérito Cultural del Gobierno de Aragón que “la cultura, además de fuente de ingresos, alimenta al individuo y enriquece a la sociedad. La cultura, en general, significa el mayor patrimonio de un pueblo, el escaparate más brillante y eficaz para explicar a un extraño cuáles son nuestras señas de identidad”.
Durante su discurso, Carbonell ha querido recordar la figura de José Antonio Labordeta y la influencia que tuvo en los inicios de su carrera “fue gracias a unos enseñantes jóvenes, arriesgados y entusiastas que, frente a una sociedad pacata y silenciosa, liderada por unos gobernantes grotescos y desconfiados, nos abrieron la puerta más portentosa que existe: la que da paso al mundo de los sueños. Todo sucedió entre 1966 y 1969, y fuimos conocidos como La generación Paulina”.

Tras asegurar que la Medalla recibida “colma todas mis ambiciones”, Joaquín Carbonell, que ha finalizado su intervención interpretando una de sus canciones, se ha referido también al hecho de que “nuestro mayor obstáculo es que somos pocos en Aragón, porque sin espectadores, sin consumidores de cultura, solo crece el desierto. Si prescindimos del tesoro cultural y artístico, seremos pocos y, además, miserables. La ausencia de cultura provoca desolación, retroceso y miseria”.