Sellos cilindricos (por Irene Zabaleta)

sábado, 18 septiembre , 2010 | Por | Categoria: Opinión

Los comienzos 

La vocación de los sellos cilíndricos es rodar por una superficie de arcilla húmeda. Se diría que lo hacen con alegría, dispuestos a contar su historia hasta el infinito, reiniciando la impresión de las figuras e inscripciones talladas en su cuerpo a cada círculo que completan. Surgieron (se le ocurrieron a alguien de Oriente Próximo a fuerza de buscar un medio para imprimir su firma, o tras ver rodar un tronco) poco después de la invención de la escritura, en la segunda mitad del cuarto milenio a.C., y perduraron hasta que la escritura cuneiforme y su soporte, las tablas de arcilla, cayeron en desuso.

Sorprenden por su belleza, por la plenitud y extensión de la misma. Están hechos de amatistas, cornalinas, obsidianas, conchas, marfil… A estos materiales hay que sumarles los delicados trazos tallados en sus cuerpos que solo la arcilla fresca es capaz de revelar.

Son sellos y, como tales, se usaron para identificar a su poseedor, de modo que servían para marcar tinajas y sellar puertas, dar testimonio, ratificar un acuerdo contractual o autentificar un documento administrativo. No obstante, al ser cilíndricos y proporcionar mayor espacio que los normales para las escenas figurativas y los elementos decorativos, desarrollaron una función narrativa. Los motivos grabados proporcionaban información acerca de sus propietarios, tales como filiación y creencias religiosas, también representaban sucesos de la vida cotidiana, escenas mitológicas o combates reales.

Muchos de ellos presentan el centro perforado en sentido vertical, lo que permitía llevarlos colgados del cuello. En las ocasiones en que se les atribuía un carácter mágico a través de la representación de divinidades o genios protectores, funcionaban como amuletos.

Aún en su brevedad, los contenidos de los sellos mesopotámicos despiertan la expectativa de la primera página de una novela o un cuento de buenas noches.

Un sello de serpentina datado en el 2300 a.C., propiedad del Museo Nacional de Teherán, presenta, entre dos escenas de luchas con animales, la siguiente inscripción: du-du-túg-duh. El misterio de la palabra. ¿Contendrá La Respuesta al Secreto Primordial? La traducción informa: Dudu, sastre. El sastre milenario tenía un sello personal de 2,1 cm de diámetro y una altura de 3,5 cm. en el que había hecho grabar la figura de un hombre, con una falda corta por todo vestido, luchando contra un león erguido sobre sus patas traseras, y un segundo hombre, que suma un gorro a su propia falda exigua, luchando contra otro animal erguido, en este caso, un toro con barba y rostro humano…Quizá la vida contenga las respuestas a las preguntas que genera.

Sellos cilíndricos como semillas remotas. Pepitas de lapislázuli, de cristal, de mármol. El antecedente rudimentario de los tipos móviles o letras de imprenta, donde el friso grabado en el barro es la inspiración de la página impresa.

El mismo espíritu, sí, idéntica voluntad de poner por escrito el pensamiento; algunas diferencias en las figuras y los tamaños.

Los tipos móviles, con un carácter o letra en uno de sus extremos, poseen forma de prisma y una altura estándar de 23,56 milímetros. Los sellos cilíndricos más pequeños tienen una altura media de 25 milímetros y un diámetro de un centímetro y medio; una superficie que, en nuestros días, resulta adecuada para tallar uno de los relatos hiperbreves de Monterroso.

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