Tren Minero de Sierra Menera(Plataforma por la Defensa y Desarrollo del Ferrocarril en Teruel)

domingo, 10 marzo , 2019 | Por | Categoria: Opinión

Cuando el tren Minero de Sierra Menera atravesaba el valle del río Jiloca, pandillas de niños lo observaban desde los diferentes Pueblos de su recorrido. Estos niños no eran conscientes de la importancia de ese tren pero por la propia curiosidad del movimiento, sentían cierta atracción.
Cuando esas pandillas en alguna ocasión pasaban delante del lavador del Pueblo, el más atrevido lanzaba una piedra contra la pared de cristales que protegía a las mujeres que allí realizaban la dura tarea de lavar la ropa.

No era normal que la piedra impactase con alguno de los marcos de la cristalera, si así era el propósito final quedaba frustrado. Cuando la piedra conseguía su objetivo se producían dos sonidos; uno con la fractura de los cristales y acto seguido un segundo sonido cuando los cristales derribados chocaban violentamente con el suelo rompiéndose ya en mil pedazos. Acto seguido todos desaparecían corriendo a toda velocidad. Eran conscientes de que esa acción estaba mal hecha.

No había ánimo real de hacer daño, más bien era la curiosidad del que está aprendiendo con los sonidos nuevos de la fractura del cristal y el movimiento de los vidrios desordenados hacia el suelo.
Hasta el niño más agresivo con los cristales del lavador, sabía que no tenía que tirar piedras a su propio tejado, pues por el daño que causara sería reprendido y castigado en función de lo que hubiese roto.
En estos días se está comenzando el desmantelamiento del último tramo de vía existente en la actualidad de ese recorrido del Tren Minero, en concreto el tramo entre Ojos Negros y la llegada a Santa Eulalia.
Parece ser que las generaciones posteriores a estas que veían circular el tren de Sierra Menera, no han aprendido la lección de estas pandillas.

Permitir desmantelar el Ramal es ir contra la posibilidad de uso y disfrute del mismo en el territorio. De buena gana se llevan la riqueza, para dejar un camino más en una zona en que las carreteras existentes de tránsito diario tienen abundantes y profundos baches, propios de Países tercermundistas.

Ya es suficiente la vista desoladora de las ruinas de las viviendas de las Minas que un día tuvieron sus tejados cuidados y las mantuvieron en pie.
Triste es no haber aprendido, que tirando piedras a nuestro tejado causamos daños para que se hunda.