Vías paralelas (Por Diego Arribas)

miércoles, 22 mayo , 2019 | Por | Categoria: Opinión

 

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En el año 2000, coincidiendo con el centenario de la Compañía Minera de Sierra Menera, se celebró en el Barrio Minero de Ojos Negros el encuentro “Arte, industria y territorio”, un certamen de arte para intervenir en las minas y un congreso científico con especialistas en arquitectura, sociología, patrimonio industrial y desarrollo local para abordar las salidas al cierre de la explotación minera.

La implicación de los vecinos fue decisiva y sirvió, además, para conocer sus inquietudes y necesidades. Las contribuciones de los asistentes confirmaron la relevancia del patrimonio minero de Sierra Menera y la conveniencia de su protección y asignación de nuevos usos. De aquella tormenta de ideas surgió la determinación del ayuntamiento de Ojos Negros de pasar a la acción. Meses después adquiría el coto minero, hasta entonces en manos del BBVA, para emprender las primeras actuaciones.

Una de las más relevantes fue, en 2001, la declaración de Monumento de Interés Local de dos de las construcciones de la explotación: la Nave de clasificación de mineral y las Tolvas de carga, deteniendo con ello el desmantelamiento que, a golpe de soplete, ya había comenzado una empresa para reducirlos a chatarra. Fue el primer expediente de protección de un elemento industrial en nuestra provincia, abriendo la puerta a otros que vendrían después, como la Chimenea de la Resinera del Carmen, en 2003. La transformación de las oficinas de la compañía minera en albergue y la reparación de las pistas para visitar las minas, contribuyeron a ir perfilando la nueva identidad de Sierra Menera, convirtiendo su pasado industrial en recurso turístico y cultural.

Otra de las propuestas fue la necesidad de dar continuidad hasta Ojos Negros a la Vía Verde que llevaba su nombre y, a su vez, la oportunidad que ofrecía la conservación del trazado del tren minero entre Santa Eulalia y el Barrio Minero para poner en marcha un tren turístico, tal como ya estaba funcionando en Riotinto (Huelva) desde 1990.

Simultáneamente, los ayuntamientos de Ojos Negros, Villafranca del Campo, Peracense, Almohaja, Alba del Campo y Villar del Salz, solicitaron a la Dirección General de Patrimonio de Aragón la declaración de Parque Cultural, sumando al patrimonio minero los elementos culturales de sus respectivos municipios. Una demanda que cristalizó en la incoación del expediente de declaración del Parque Cultural de Sierra Menera en 2011. En él se reconocía la singularidad del paisaje minero, el patrimonio industrial de las infraestructuras extractivas y de transporte, la arqueología de los centros metalúrgicos antiguos, el patrimonio arquitectónico y artístico de los barrios mineros o las últimas creaciones artísticas.

El interés por semejante metamorfosis traspasó los límites de la provincia y, ese mismo año, el Instituto del Patrimonio Cultural Español, dependiente del Ministerio de Cultura, incluía a Sierra Menera en su Plan Nacional de Patrimonio Industrial como conjunto singular a proteger.

 

Un reconocimiento que tuvo su respuesta en el desdén y la desidia que mostró el Gobierno de Aragón y algunos ayuntamientos de Sierra Menera tras las elecciones de 2011, dejando que caducara el proceso de creación del parque cultural. Se rechazaba así una fórmula de desarrollo que en otros municipios llevaba años generando beneficios. Es el caso del Parque Minero de Riotinto, cuya oferta de museo minero, visitas guiadas y tren turístico recibió, en 2018, más de 90.000 visitantes, o el de la Cueva de El Soplao, en Cantabria, que, con la misma oferta, ingresó ese mismo año 40 millones de euros.

 

Cuando el año pasado ADIF anunció la desafectación del trazado ferroviario de Santa Eulalia a Ojos Negros, se abrían, por fin, las dos opciones de actuación: la vía verde y el tren turístico. Dos fórmulas compatibles y complementarias. El cambio de vía métrica del antiguo tren minero a una vía de ancho RENFE, en 1972, dejó en el recorrido varios trazados paralelos, como los dos túneles del término de Almohaja o la trinchera de Peracense, convertida ahora en sendero para subir a su castillo. A su vez, el actual ancho de las vías permite circular a cualquier tren, como el Tren Azul que gestiona la AZAFT, que ya ha visitado Teruel varias veces.

Por ello, desde colectivos como la Plataforma por la defensa del Ferrocarril en Teruel, el Instituto Serranía Celtibérica, APUDEPA, AZAFT y especialistas en patrimonio industrial de la Universidad de Zaragoza, insisten en la necesidad de conservar el trazado para permitir los dos usos y se ofrecen a los alcaldes de la zona para explicarles su compatibilidad y los beneficios que ya están generando en otros enclaves. Una invitación que han declinado hasta el momento. ¡Qué diferencia con respecto al año 2000!

Mientras tanto, continúa el desmantelamiento de las vías. Y con él, el rechazo a una actividad turística demandada incluso por los usuarios de la vía verde, como es el caso de los cicloturistas, que defienden la existencia de este tren para poder subir sus bicicletas hasta Ojos Negros y recorrer la vía en sentido descendente.

Para frenar su destrucción, los colectivos ya citados solicitaron al Gobierno de Aragón la protección de este trazado férreo como parte del conjunto patrimonial de Sierra Menera. La respuesta fue negativa, basándose en un informe sesgado, plagado de contradicciones, afirmaciones subjetivas y escaso rigor científico. No es la primera vez que se realiza un informe así, subordinando los argumentos a una resolución preestablecida, pero cuando se elabora un informe de este tipo hay que trabajárselo más y disimularlo mejor.

Este rechazo a la protección de las vías choca con los criterios de todos los profesionales de este ámbito, incluida una de las especialistas en legislación minera de nuestro país: Elisa Moreu, profesora de Derecho Público en la Universidad de Zaragoza y consejera del Consejo Consultivo de Aragón, quien, en el encuentro del año 2000, ya señaló: “El complejo minero de Ojos Negros encaja en la definición de Bien de Interés Cultural (BIC) que ofrece la Ley aragonesa, y, en particular, en su modalidad de lugar de interés etnográfico o patrimonio de carácter industrial”. Así pues, con los actuales guardianes del patrimonio de Aragón hay motivos de sobra para estar preocupados por su integridad y conservación.

Puede entenderse que al Gobierno de Aragón le importe poco tal destrucción, pero cuesta más entender que quienes vivieron los años de mayor esplendor económico y demográfico de sus municipios gracias a la explotación minera, alienten la destrucción de este testigo de su identidad y de su historia.

En Teruel, cuesta tanto conseguir la implantación de infraestructuras que, cuando alguna de ellas deja de cumplir la función para la que fue concebida, no podemos permitirnos el lujo de olvidarla, abandonarla a su suerte o, menos aún, destruirla. Desde el momento en que una de ellas cae en desuso, automáticamente se convierte en recurso, un recurso que hay que poner a trabajar por la provincia. De poco sirve ir a Madrid a reclamar inversiones en infraestructuras, si cuando volvemos a casa destruimos las que ya tenemos.

En ocasiones, la Historia nos convoca. Esta es una de ellas: los municipios del trazado del tren de Sierra Menera pueden pasar a la Historia como quienes terminaron de destruir la vía o, por el contrario, como los que tuvieron la suficiente sensibilidad y visión de futuro para conservarla, y que cuando alguien pregunte ¿queda algo de los 204 kilómetros de las vías del que fue el ferrocarril minero más largo de Europa?, la respuesta sea: “no, nada”, o bien “sí, están en mi municipio, y por ellas, en paralelo a una vía verde, circula un tren turístico que te deja al pie mismo de un castillo del siglo XIII”. Estamos a tiempo.

 

Teruel, 19 de mayo de 2019